Las Cronicas del Rey

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Location: Purgatorio, Rosario/Santa Fe, Argentina

Friday, August 04, 2006

Cierro el sitio.
Si alguien quiere continuar leyendo las cronicas, envie un mail a Cenizasyrosas@hotmail.com
o que me avise en el msn..
Adios, fue un placer.

Wednesday, June 28, 2006

CAP 11 "Huérfanos"

No había tiempo para esperar a Kestor, las tropas debían llegar cuanto antes a Trains, Gofor reanudo la marcha, el general podría uniserle en la ciudad luego.
Aunque reinaba el silencio entre las filas los espíritus estaban renovados, no era miedo ni resignación, sino enardecida valentía, deseos de que el enemigo fuera subyugado de una vez, aplastado para poder volver a casa, al verde Lockart.
El cielo comenzaba a oscurecerse, todos vieron como el rey y la caballería apresuraban el paso, así los imitaron como pudieron infantería y arqueros, las nubes crecían desde el suelo, los que llegaron primero cayeron de rodillas, algunos escondieron sus rostros entre las manos, otros gritaron con cólera, allí abajo se hallaba Trains, completamente desvastada, aun a la distancia podían verse los cuerpos tendidos, el humo que crecía desde la ciudad, subiendo lentamente y besando al cielo como un sucio amante muerto, la tristeza miro al ejercito lockarteniense, y les sonrió.
Gofor observo a los hombres, se derrumbaban al suelo gimiendo como si hubiesen vuelto a ser heridos por flechas invisibles, otros se mantenían con la vista fija y las espadas en mano, el rey espoleo a su caballo y todos lo siguieron.
Los corazones quizás les latían a un mismo ritmo, y aunque desgarrados, latían con furia, a muchos, tal vez todos, incluso al rey, ya no les importaba morir, era deseo común destruir a cuanto enemigo se le cruzara y no importaría sacrificarse para lograrlo.
Las puertas de la ciudad estaban destruidas, completamente astilladas en el suelo, se oyeron algunas flechas y tanto cuervos como otros animales cayeron al lado de aquellos a quienes devoraban. Fueron si, perdonados, los que estaban sobre las fuerzas invasoras, tal era el grado de aborrecimiento en el que el humo los sumía.
Desmontaron para entrar, en realidad, solo un puñado de hombres se atrevió a cruzar lo que quedaba de las murallas, Gofor transito por las calles de Trains, antes una ciudad tan hermosa, llena por la vida y el estilo de los viajeros grexanos y amanavenses, el silencio era ensordecedor, niños y mujeres se hallaban muertos en el suelo, destripados, cercenados de la peor manera, algunas casas aun ardían, los puestos mercantes saqueados y destruidos, hallaron a un grupo de soldados de la guardia de la ciudad con unos cuantos caballeros menhori muertos a su alrededor, los hombres hicieron un solemne "hea" por la valentía de sus compañeros, Gofor se detuvo un momento al ver una madre y a su pequeño, ensartados por una lanza mientras se abrazaban en un rincón, el rey se aproximo y de un golpe con su espada rompió aquella blasfema cadena que unía a esas pobres personas, cayeron al suelo ya libres, pero aun sosteniéndose en brazos.
De pronto las cabezas giraron al mismo tiempo, alguien canturreaba una vieja melodía, muy cerca de allí, desenvainaron y se aproximaron con cautela, próximos a la plaza central se oía crepitar un gran fuego, alguien tristemente se arrastraba y tarareaba.
Gofor llego hasta un puesto que aun se mantenía en pie entre tanta devastación, espió por la desgarrada lona y su mano hizo un ademán para que los demás se detuvieran, se giro para ver a los hombres y su cara era de completa estupefacción, salio de atrás del puesto a paso rápido mientras los hombres intentaban detenerlo, pero el grito "semillas" y corrió.
Los hombres lo siguieron, el rey se aproximaba a las zancadas hasta un pequeño grupo harapiento que permanecía sentado entorno al fuego, temiendo una emboscada a su gobernante corrieron tras el con las espadas en alto, cuando Gofor se acuclillo y destapo a una de esas sombras pudieron ver con sorpresa, el rostro de una pequeña, de quizás nomás de 6 años, todos los demás lo imitaron y se descubrieron, revelando a una decena de niños, ninguno mayor a los 14 años.
Magullados, sucios, pero ninguno realmente herido, apilados a unos metros se hallaban unos cuantos jinetes Menhori, y tarareando por uno de los recodos llego un muchacho alto, pelirrojo, delgado pero no de apariencia débil, revestido con una armadura improvisada y una gran espada, al ver a los caballeros permaneció quieto, expectante, pero el rey se giro con el escudo de Lockart en su pecho, sonriendo, el muchacho corrió hasta Gofor y se lanzo a sus brazos.
Fuera de las murallas los niños fueron recibidos como héroes, los corazones cicatrizaban al ver a esas pequeñas criaturas salir del fuego y la muerte.
"Mantuvimos las murallas cuanto pudimos, pero finalmente penetraron la puerta y todo fue caos, ya no había donde esconderse, pocos escaparon y de ellos no creo que nadie haya sobrevivido - dijo Lyon secándose una lagrima con su manga - una vez que los jinetes entraron, no perdonaron nada, nadie, nuestros padres nos escondieron y fueron a luchar, salimos cuando solo podía oírse nada mas que fuego", "y esos caballeros muertos¿?" pregunto uno de los soldados mientras miraba con ternura y admiración a los niños, "los acabamos nosotros.." comenzó a decir el muchacho cuando "Lyon!! todos ellos murieron bajo su espada, nosotros solo, nos quedamos petrificados" lo interrumpió un pequeño cerca suyo, el muchacho se ruborizo y miro al suelo.
"los enviare a Lockart con unos jinetes, son lo ultimo que queda de Trains, serán las semillas de mañana" les dijo el rey y sonrió acariciando la cabeza de la pequeña a su lado.
Cuando los jinetes designados se preparaban a partir Lyon miro a Gofor, "quiero ir", "lo se muchacho, allá estarás tranquilo, lamento todo...", "no - dijo interrumpiéndolo con cortesía - quiero ir con ustedes, marchar a la guerra".
Los hombres sonrieron pero nadie dijo nada, Gofor lo miro pensativamente, "Armeros!, equipen al muchacho, el resto, hea! vamos que los perros nos esperan!".

Saturday, June 10, 2006

CAP 10 "Sirenas y Tigres"

Los barcos de guerra ya habían partido de Ihste, rumbo a la ciudad más próxima de Amanavia, Beliefs. En torno a Mommtor los hombres de estado y generales discutían, este se sentía tan débil, como si el tiempo pasara cada vez mas rápido, golpeando sus huesos, mordiendo su fuerza vital, todo lo que podía oír eran gritos, solo gritos.
"el momento es apremiante señor, debemos reunir al ejercito de Dencorde y Belfas - la ciudad hermana de Beliefs - déjeme comandar las tropas de mi región hasta la ciudad, allí detendremos a las fuerzas de Thesha" dijo con calma pero determinación Karmasof, el general del sur a su señor que lo miraba extraviado, "no seas imbecil, si haces eso ellos abrirán fuego desde la costa, que harán entonces tus jinetes¿? nadar¿?" replico un muchacho joven, alto y de rostro duro, Herlein, general del norte, "señor - continuo este - dejemos Beliefs a su suerte, no podemos permitirnos perder mas hombres, en vano.." entonces Karmasof se levanto dispuesto a saltar sobre Herlein pero el rey con un gesto lo detuvo y hablo "que propones¿? como detenerlos¿?".
El joven bajo la cabeza hasta que sus labios quedaron a la altura del oído de Mommtor, aunque todos en aquella habitación se indignaron este prosiguió detallando su plan solo al rey, y Mommtor no hizo nada por evitar que así fuera, al cabo de unos minutos, el rey se levanto con pesadez, miro a Herlein con un dejo de tristeza en los ojos y asintió.
El mar los recibía con tranquilidad, los sacerdotes le habían dicho a Thesha que su guerra era justificada y por ello avalada por los dioses, aunque ella hacia mucho había dejado la superstición agradeció que el majestuoso océano le concediera paso hacia su justicia.
Una delicada mano se poso sobre su antebrazo, Larissa, generala del estado mayor, la acompañaba, la reina agradecía sus consejos y su presencia, Larissa palmeo el brazo de Thesha y con cariño le dirigió una sonrisa a su soberana, hecho esto bajo por la escalera hasta la cubierta y ayudo a los hombres con las cuerdas del palo mayor.
Poco los separaba de la costa de Amanavia, Thesha volvió a su camarote donde la aguardaban Zarama, generala de los tres estados menores y Petricla, consejera real, también allí esperaba Deoneses, capitán de las fuerzas navales y del mejor y más antiguo barco de guerra ihstita, el "Declomeron", cuya potencia de fuego era temida y envidiada entre las demás naciones.
La gran mesa del centro se hallaba cubierta por un mapa de Amanavia, espías nizhon, agentes montados en avestas*, habían asegurado que las fuerzas de Beliefs no eran suficientes, que por alguna razón no habían llegado refuerzos de ningún tipo y que la gente ya se había acuartelado tras las murallas, Thesha pareció preocupada, temiendo alguna trampa, pero el jefe de los nizhon le comento que había enviado un grupo a aventurarse mas allá, y que no habían ejércitos ocultos aguardando la llegada de sus tropas, que la ciudad estaba indefensa.
"no te refieras de ese modo o pareceremos bárbaros a punto de asesinar a una pequeña inocente - dijo Larissa abriendo de un golpe la puerta - la ciudad solo cuenta con su guardia para la defensa, pues bien, nos esperan seguro al norte, vaya sorpresa, siquiera cuidan a los suyos, si fuésemos otros no quedaría nada vivo en la ciudad" todos asintieron en silencio.
Zarama sonrió al tiempo que guiñaba un ojo a Larissa y con un ademán despidió a los presentes, cerro la puerta tras de si dejando a la reina junto con Larissa.
Thesha continuaba decaída, fuera debía mostrar determinación y gallardía pero en sus adentros anhelaba evitar el conflicto, sus ancestros ya habían estado en guerra, la historia de Solymhe se había escrito en muchos lugares con tinta roja, pero hacían ya generaciones que los odios habían caído en el olvido, o al menos eso pensaba, quizás, solo estaban durmientes, aguardando para sumergir nuevamente las naciones bajo fuego.
Larissa apoyo sus manos sobre los hombros de la reina ayudándole a quitarse el peto y comenzó a peinar su cabello, "crees que hago lo correcto¿? podría olvidar la ofensa e incluso obligar al terco Mrofin a hacerlo, pero no puedo permitir Amanavia descuide sus costas dejando que los piratas asalten a mis ciudadanos" y tercio en llanto, su general la tomo entre brazos y susurro "hermosa señora, las épocas de paz han hecho germinar barrigas golosas y calvas mentes vacías, es necesario purgar de Solymhe al perezoso de alma, quizás el fuego ayude a sembrar una paz nueva y mejor, por un tiempo al menos", se miraron un momento las dos, Larissa tomo el rostro de su señora con delicadeza y lo acerco al suyo, las cortinas se corrieron mientras Thesha cegaba la luz.

Monday, May 29, 2006

CAP 9 "Una noche difícil"

Gofor cubrió su hombro instintivamente cuando penetraron en su tienda los capitanes para avisar la llegada de Alar.
Salio a recibir a su amigo y general, del oeste venia una gran cantidad de infantería y arqueros, al frente llegaba su hombre de máxima confianza, Alar, con el estandarte lockarteniense en alto, ahora solo faltaban los jinetes de Kestor.
Las vendas seguían cubriéndose de sangre, entre los heridos era a todos por igual, los médicos anunciaron entonces que las flechas enemigas estaban envenenadas con absil, una planta de la región oeste de Menhòr, que solía crecer próxima a los grandes cementerios, se decía por esto, que en su sabia se hallaban toda las penas e iras de los muertos.
Los hombres se mostraron preocupados pues dependiendo la fuerza de cada uno dependería su salvación, la absil mataba a niños y ancianos, mujeres e incluso hombres que no estuvieran muy preparados, pero a todos por igual primero les esperaba una noche de locura, trastornos, frío sudor, dolor, lividez, y para Gofor no fue grato hallar entre las cuentas a tantos heridos, al menos por una semana estos hombres serian mera carne débil.
Alar insistió en que los médicos prepararan un calmante con alguna hierba para que el rey pasara esa noche en algún tipo de sueño profundo pero este se negó.
Aquella noche lo gritos comenzaron a cundir por el campamento, Gofor tan solo usando la parte baja de su armadura salio de la tienda con sus vendas ensangrentadas, innumerables fuegos se agitaban entre las tiendas, compañeros y amigos intentaban sujetar por todos los medios a los heridos, algunos se largaban en corridas a una gran velocidad agitando los brazos y gimiendo sin consuelo, otros hablaban sin decir nada, algunos simplemente yacían en el suelo tiritando y murmurando con un horrible color azul en sus rostros.
Gofor camino entre las tiendas haciendo chocar su espada contra su escudo cada vez mas fuerte, una y otra vez, pronto un gran silencio se adueño del campamento, el rey continuo hasta una loma lo suficientemente alta como para que todos pudieran observarlo, allí contemplo a sus pobres hombres, tan jóvenes, tan tristes de abandonar esposas e hijos, hogares calmos y calidos, solo por la ambición de aquellos que no han podido hallar la paz entre sus mentiras.
Parado allí en lo profundo de la noche levanto sus brazos tan alto como la herida le permitió, e incluso un poco mas, y con mas fuerza siguió haciendo chocar espada y escudo, tanto heridos como quienes intentaban calmar todo, miraban al rey en una mezcla de euforia y asombro, aquel gran hombre estaba al mando de sus almas, quien entonces hubiese perdido la fe en el, no podía sentir otra cosa mas que una gran fuerza renovadora surcando sus venas, haciendo estallar en la sangre mil deseos inexpresables, pronto, del silencio surgieron otras espadas, otros escudos, sonando como una manada de rabiosas bestias aproximándose entre las sombras.
Gofor se sentó en una roca, aun en la loma, observando nuevamente a los hombres y aunque su mente intentaba sembrar el terror con rostros deformes y nubes relampagueantes, el rey supo que allí solo estaba su ejército, y supo nuevamente, que eran sus hombres.
El alba recibía a los hombres con un cielo despejado, sonriendo en un color dorado naranja, Gofor entro a su tienda para vestirse, la herida estaba seca y cambiadas una vez mas las vendas podrían partir a la ciudad.
Alar informo que solo dos hombres habían sucumbido aquella noche y ya estaban enterrados, heridos y sanos por igual estaban listos y ansiosos informo este.
El rey salio de rostro al sol, donde con las espadas en alto todos sus hombres lo miraban radiante.
"A Trains, por lo nuestro" grito saltando a su caballo y espoleándolo partió a toda prisa, "A Trains, al fin del mundo, donde Gofor nos lleve, vamos" gritaron los lockartenienses.
Donde fuese, pensó el anciano, casa, a casa los llevaría pero primero debían apagar las amargas llamas que surcaban al reino, luego los llevaría al cielo, a casa, al fin del mundo, donde fuese.

Saturday, May 27, 2006

CAP 8 "Lagrimas"

Extendió su mano acariciando las flores que crecían hasta donde a la vista le era posible abarcar, se lleno los pulmones con el delicado aroma de la mañana, los colores del cielo amaneciendo erizaron su pelo, se oían risas en el corredor, niños jugando, el río danzaba cristalino y apacible, rodeándolo, la quietud y una calida brisa tocaban su rostro, en sus manos sujetaba con cariño una pequeña ave que se había posado en su hombro, Kroz se recostó en la suave grama.. y durmió.
Los gritos y el frío le hicieron despertar bruscamente, la luz entraba gris en sus aposentos, se aproximo hasta la ventana, abajo se hallaba su pueblo, sumido en el rencor y la miseria, el cielo miraba triste y oscuro a su rostro, hasta donde abarcaban sus ojos todo era cenizas y lamentos. Esa mañana los guardias oyeron los gritos mas terroríficos y tristes, Kroz bajo con su espada en la mano, y quien antes fuera un rey taciturno y amablemente reservado ahora parecía una fiera golpeada, tomo a un muchacho y poniendo su filo en el cuello de este le pregunto entre lagrimas "donde están mis jardines verdes¿?, donde están los niños alegres¿? donde esta el sol¿?", el muchacho lleno de temor y nervios no contesto mas que balbuceos, Kroz deslizo su espada.
Aquel día muchos murieron tras los pasos del rey, quien a gritos pedía por brisas calidas, ojos azules y sonrisas sin falsedad, al llegar la noche este se desplomo en su trono, frente a los cuerpos sin vida de algunos sirvientes y cortesanos, en aquella habitación ordeno que trajeran a Benetrix, la hija menor del duque Melder, esa noche violo a la joven jurándole que el dolor de él y ella engendraría un pequeño que entendería tan horrible reino.
Unos días luego el rey ordeno la boda y la futura reina ordeno el asesinato de su propio padre.
Kroz jamás pregunto el por que pero en los ojos de la muchacha, esa dulzura que existía se convulsionaba y estallaba, el nunca volvió a tocarla, su hijo nació en el frío invierno.
Una de las hermanas de la reina, al volver de Amanavia y saber de todo lo ocurrió decidió visitarla, luego de saludarse le clavo un puñal en el estomago a Benetrix, los guardias la apresaron y aunque la corte pidió su ejecución, el rey decidió contraer nupcias con ella, para que su hijo tuviera una madre con, espíritu, como le gustaba decir a este.
El esposo de Merald, el marques Bencur fue destripado en las puertas del castillo mientras protestaba que ella no podía casarse con el rey, puesto que ya lo estaba con el, la futura reina pidió que le trajeran la mano de su difunto esposo, la cual guardaría por muchos años en líquidos conservantes junto a su cama.
Los asesinatos comenzaron a ocurrir entre los seis estados de Menhòr con mayor frecuencia, ni al rey ni a su hijo le importo jamás, Kroz de pronto un día dejo de hablar y la reina se hizo cargo hasta que su hijo pudiera tomar el trono.
Cuatro generaciones de terribles hombres, asesinos, violadores, necrófilos, sicóticos, sucedieron entre aquel triste rey y Astartek, el padre de Balduk. El reino era muy parecido a un estado anarquista, las gentes de los poblados respetaban la ley solo cuando las tropas de alguno de los seis estados o las del rey transitaban por sus tierras.
Astartek, quien fue conocido como “el huérfano” pues a los catorce años asesino a su padre y madre mientras estos se hallaban en un orgía, consumado su trono se caso con la hija del duque del estado mas poderoso en Menhòr, este le aseguro al duque seguridad, algo muy preciado en un lugar así, a cambio le solicito ayuda para "comprobar" la lealtad de los demás estados y sus gobernantes, siete años de ríos de sangre y espadas rotas, luego de esto el reino de Astartek estaba seguro, un reino de odio y miseria, los estados ya no se atacaron entre si, los campesinos no volvieron a negar sus cosechas, jamás se volvió a hablar en voz alta.
Balduk heredo el trono a los 15 años cuando su padre fue asesinado por la reina durante una cena y esta, luego, se quito la vida aconsejándole entre lagrimas al príncipe allí presente, que imitara su ejemplo, "este lugar esta maldito" dijo y se arrojo desde la ventana, a la profunda noche.

Saturday, May 13, 2006

CAP 7 "El bosque de Antil"

Despuntando el alba las fuerzas de Lockart comenzaron nuevamente la marcha, llegar rápidamente a Trains era necesario, aunque la lucha del día anterior no había demandado demasiadas bajas quedaba mucho por hacer y poco tiempo.
El camino se hacia en silencio, solo algunos cuantos iban charlando con su compañero, Gofor sabia que la moral de sus hombres era fuerte, y la fe de ellos en el también, pero se preguntaba cuanto tiempo seria de este modo.
A mediodía divisaron los primeros robles de Antil, gigantescos, omnipotentes, era quizás el bosque mas viejo de Solymhe y nadie lo discutía, lamentablemente era también uno de los lugares mas oscuros de Lockart, especial para los bandidos, aunque Gofor hace tiempo se había hecho cargo de que el lugar fuera seguro para los viajantes y ciudadanos, los tiempos estaban trastornados y todo era diferente, el rey temía no saber que pudiera albergar ahora la espesura de Antil.
Rodearlo hubiera demorado dos días mas, era un paso obligado hacia el norte, hacia Trains, al destino.
Ordeno una formación en dizha, formación militar lockarteniense en forma de “W”, para que fuera cubierto el mayor terreno posible sin perder contacto con los costados y la parte trasera, los arqueros irían al medio y la caballería en el frente.
El paso debía ser ligero, salir de allí enteros y pronto era la orden.
Gofor se mantuvo alerta, todos parecían distraídos, el bosque era hace tanto un simple paso, con una vista tan bella de la grandeza natural, que nadie se preocupaba ya al andar por sus senderos.
Ruidos secos se oyeron y el rey ordeno el alto, todos asumieron posiciones de defensa, la calma inundaba aquel lugar, el sol penetraba débilmente a través de las copas haciendo extrañas siluetas en el suelo, como un sueño de otoño, el suelo estaba mullido por las hojas que este venia a arrancar.
Una brisa calida y secreta rondaba entre las manos, que, como si tuvieran una promesa, se aferraban frenéticas a los mangos de las armas, el sonido vegetal entonces se rompió, ahogado en un discongruente silbido, primero uno, luego decenas, y los hombres de Gofor comenzaron a caer, gritando o en completo silencio, atravesados por oscuras saetas.
"Fuego, a las copas de los árboles" grito el capitán Tsamihe, los arqueros tensaron sus cuerdas, dejando luego volar cientos de flechas, tal como si el cielo estuviera loco, hombres comenzaron a llover, hombres y saetas, de un anciano roble una de estas golpeo en el hombro a Gofor, con esfuerzo se mantuvo en el caballo pues el impulso había intentado derribarlo.
Al cabo de unos minutos de absurdo sonido, solo quedaron los heridos, gimiendo o gritando, según su herida, algunos, compañeros de heridos o peor aun, muertos, comenzaron a rondar las filas enemigas, clavando con ira sus filos en los cuerpos sobrevivientes.
Gofor dejo que esta amarga tarea se cumpliera sin decir nada, podía oír los corazones de sus hombres latiendo con rabia, no solo por la emboscada, sino por la paz rota y la profanación de sus vidas.
Aunque tampoco eran muchas las bajas, si los heridos, Gofor cada vez veía menguar mas su ejercito, que seria de la batalla final pensaba.
Se enterraron a los muertos, sin prisa, con respeto, con tristeza, y se siguió el camino, ya nadie charlaba, algunos quizás ya no tenían a aquel compañero, otros simplemente deseaban hallar a ese endemoniado enemigo. No hubo palabras, nada quedaba por decir.
A la tarde se vio la luz del sol morir, tras el linde trasero del bosque, ahora solo quedaba una noche, antes de hallar Trains, y lo que fuera de ella.

Friday, May 05, 2006

CAP 6 "El ultimo abrazo"

Con el sol en alto, cinco mil jinetes estaban listos ya, al cuarto día de la llegada de los mensajeros, diez mil hombres esperaban la salida de su rey.
Tristan miraba con los ojos bien abiertos la armadura de su padre, resplandeciente dorado, la espada con el emblema de la familia, desde aquellas palabras, esos últimos días, ambos se habían vuelto muy unidos pero ya era momento de despedirse.
De los ojos de Gofor caían gruesas lagrimas, Tristan permanecía inmutado, sonaron las trompetas, padre e hijo se abrazaron por un momento, ambos se miraron, el rey aun no alcanzaba a comprender como todo era tan oscuro en las pupilas de su niño, Tendon se detuvo fielmente al lado del pequeño "yo lo cuidare señor, con mi vida", Gofor hizo un gesto con la cabeza, agradeciendo, se coloco su casco y desapareció tras las pesadas puertas principales.
Tristan y Tendon corrieron hasta la torre, allí, el gran contingente podía verse, marchando a pasado ligero, rumbo norte, las esperanzas del pueblo, y según de la nodriza mas vieja de Tristan, las esperanzas de todos los civilizados, se hallaban ahora en las espadas de los lockartenienses.
El capitán mostró al pequeño, el mismo mapa que veían la otra noche los generales, el rey guiaría las tropas hasta mas allá del bosque de Antil, donde se le uniría Alar con tres mil hombres mas y también lo haría Kestor, con novecientos jinetes de los foldes estes, el problema es que Balduk no era un necio, jamás hubiera lanzado un ataque a menos que estuviera realmente seguro de sus tropas, por esto todos coincidían en que debían ser grandes cifras.
Aun así, Gofor se repetía una y otra vez mentalmente, esa era la única opción.
Aquella noche Tristan tuvo pesadillas, los hombres gritaban y morían, el suelo estaba bañado en sangre y partes, los lamentos se elevaban en la oscuridad, aun por sobre el sonido de las espadas, y su padre, con una mirada triste le decía "adiós", mientras por la espalda una sombra silenciosa se aproximaba, Tristan grito enredado entre las sabanas "cuidado" pero era tarde, el cuerpo de Gofor yacía sin vida, junto a miles.
El príncipe despertó, cubierto de sudor y respirando agitadamente, corrió al pasillo, unos pasos se aproximaban, la luz de una vela pronto comenzó a hacer eco en las paredes, el niño se pego a la pared, esperando, ese seria su padre, que venia victorioso, a descansar junto a el.
Al doblar el recodo Tendon hallo a su príncipe, pálido y agazapado en el suelo, traía una carta del frente, quiso meter al niño al cuarto pero este se rehusó, no tuvo mas opción que leerle en el pasillo aquellas líneas.
"Querido hijo, la primer batalla ha sido en nuestro favor, me abstengo de decir que hemos obtenido una victoria pues si vieras el reino de muerte que es esto, que antes era un campo tan hermoso, entenderías... me hallo intacto, el general Martiremo ha muerto a mis manos y sus tropas se han desbandado, envié jinetes por ellos, mañana continuaremos hacia Trains, temo mi pequeño, pues este era el menor de los ejércitos de Balduk y sin embargo eran apenas unos pocos menos que nosotros, queda poco para que entres a la academia, adiós hijo"
Luego Tendon plegó la hoja y se la entrego al niño, que ahora se hallaba nuevamente de pie y sereno.Mas tarde en cama, ya durmiendo, la pesadilla volvió, y esta vez la sombra tenía rostro: Kestor.


(sin ganas realmente, perdonen, dias horribles, je aunque se salvan de mi perorata estupida.. en fin, mañana posteo el capitulo 7, adios)

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